Guía de Viena

María Teresa

(Viena, 1717 – Viena, 1780). Archiduquesa de Austria, reina de Hungría y Bohemia y emperatriz consorte del Sacro Imperio Romano Germánico (su esposo Francisco I fue quien llevó el título de emperador).

Hija de Carlos VI e Isabel Cristina de Brunswick, María Teresa tuvo 16 hijos con Francisco de Lorena, de los cuales destacan su sucesor José II (sacro emperador de 1780 a 1790), María Cristina (gobernadora de los Países Bajos y esposa de Alberto de Sajonia), Leopoldo II (sacro emperador de 1790 a 1792), María Carolina (reina de Nápoles, esposa de Fernando I de las Dos Sicilias), Fernando Carlos (duque consorte de Módena, esposo de Beatriz de Este) y María Antonieta (reina de Francia, esposa de Luis XVI). Mediante acuerdos matrimoniales para sus hijos María Teresa estrechó los lazos con los Borbones y desarrolló una política europea basada en esta alianza y dirigida contra Prusia, el enemigo principal.
Mujer de gran carácter, debía suceder a su padre, Carlos VI, a la muerte de éste, en 1740; así lo habían aceptado la mayoría de los Estados europeos al reconocer la Pragmática Sanción que había promulgado Carlos VI en 1713. Pero esto cambió a la muerte del emperador, desencadenándose la Guerra de Sucesión Austriaca (1740-1748), situación que aprovechó también Federico II el Grande, rey de Prusia, para arrebatar Silesia a Austria. Carlos VII Alberto fue proclamado sacro emperador (1742-1745) tras recibir el apoyo de Francia y España, pero María Teresa consiguió finalmente, en 1745, el trono para su esposo Francisco I, el cual llevó el título de emperador hasta su fallecimiento en 1765, si bien la dirección del gobierno y la política del Imperio estuvo principalmente en manos de María Teresa, mientras Francisco I se ocupaba más de las actividades financieras, consiguiendo multiplicar la fortuna de los Habsburgo.
María Teresa se volcó en formar un Estado fuerte y centralizado.
La política exterior estuvo marcada por la alianza con Francia (hasta 1792) y el temor a Prusia. María Teresa formó una alianza con Francia para recuperar Silesia, lo que dio lugar a la Guerra de los Siete Años (1756-1763). No consiguieron recuperar Silesia, aunque sí extender sus dominios en Galitzia y la Bukovina, garantizando así la sucesión imperial para su hijo José II. Posteriormente, Austria participaría en la Primera Partición de Polonia (1772), por la cual Rusia, Austria y Prusia se repartían la República de las Dos Naciones (Polonia-Lituania). Por otro lado, Moravia y Bohemia pasaron a ser provincias de Austria, mientras Hungría pasó a disfrutar de una situación de privilegio, al mantenerse su estatuto particular y aligerarse sus cargas contributivas, concesiones que María Teresa otorgó en agradecimiento a la gran ayuda que Hungría le había prestado durante la Guerra de Sucesión. Por otro lado, los turcos habían dejado de ser una amenaza.
En política interior, María Teresa reorganizó sus Reinos introduciendo reformas propias del despotismo ilustrado, sometió los poderes locales al gobierno central, saneó las finanzas, modernizó el ejército, modernizó el aparato de administración de justicia y suavizó los métodos procesales, limitó la influencia política de la Iglesia católica, impulsó la agricultura, las manufacturas y la industria (azúcar, textil,...), suavizó el régimen de servidumbre, impulsó las ciencias, las artes y la educación, intentando una alfabetización profunda, se adoptaron nuevas técnicas pedagógicas y se creó un cuerpo de profesores laico, para lo cual se expulsó a los jesuitas (que hasta entonces controlaban la vida universitaria y la segunda enseñanza) reformando así las dos universidades más importantes del Reino (Viena y Praga),...
A la muerte de Francisco I, en 1765, María Teresa nombra corregente a su hijo José, conocido como José II, aunque en realidad fue María Teresa quien siguió gobernando hasta su fallecimiento en 1780. A partir de entonces ya sería su hijo José II quien gobernase, hasta su fallecimiento en 1790.
María Teresa dejó un reino que, a pesar de las guerras y de la crisis económica de 1771, conoció un cierto esplendor y se convirtió en una potencia de primer orden.









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