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Balanchine / Neumeier / Robbins

Esta temporada, la Wiener Staatsoper acoge una representación que incluye cuatro ballets de tres maestros indiscutibles del género.

Concierto para violín de Stravinski de George Balanchine fue interpretado por primera vez en 1972. Balanchine había utilizado la misma música – el Concierto para violín y orquesta en Re mayor de Igor Stravinski – para Balustrade, estrenado en 1941. Si bien la obra anterior presentaba a los bailarines con trajes extravagantes, la concepción de Concierto para violín de Stravinski es reducida al mínimo. No hay decorados y los bailarines visten como lo harían en los ensayos, permitiendo al público centrarse en la relación entre los artistas y la música.

Tema y variaciones, del mismo coreógrafo, no podía ser más diferente. Estrenado en 1947, esta invención de Balanchine es un espectáculo que celebra la época clásica, cuando reinabn el ballet ruso y la música de Piotr Ilich Chaikovski. El movimiento final de la Suite n°3 para orquesta en Sol mayor de Chaikovski, que contiene doce variaciones, proporciona el acompañamiento musical perfecto para un ballet más ortodoxo que cuenta con un pas de deux central y, para terminar, una gran polonesa.

Bach Suite 3 de John Neumeier, cuyo estreno tuvo lugar en 1981, lleva las convenciones del ballet clásico al límite. Neumeier invierte las relaciones normales entre los bailarines y bailarinas, desafiando nuestra comprensión sobre los principios del ballet. A pesar de que la Suite orquestal n°3 en Re mayor de Johann Sebastian Bach posee dos gavotas y una giga, podemos dudar de que el compositor pensase nunca en que su música podría ser bailada. Por ello, Neumeier tuvo la oportunidad de interpretarla como a él mejor le pareció.

La representación termina con El concierto, o los peligros de todos de Jerome Robbins, un ballet de 1956 que satiriza las pequeñas excentricidades en el comportamiento de un público que asiste a un concierto. Interpretada para hacer reir, la elegante música de Frédéric Chopin se ve subvertida por las payasadas de los bailarines: en ciertos momentos, éstos deambulan con paraguas y, en otros, arrastran los pies torpemente por la pista de baile.

Esta inspirada compilación de ballets del siglo XX reconoce, como los títulos de los mismos indican,  la inseparable relación entre la danza y la música que la acompaña.