Guía de Viena

José II

(Viena, 1741 – 1790). Rey de Hungría y Bohemia, y emperador del Sacro Imperio Romano Germánico (1765-1790).

Hijo de Francisco I y María Teresa, fue nombrado rey de los romanos en 1764 y sacro emperador en 1765, al morir Francisco I, aunque hasta el fallecimiento de María Teresa, en 1780, José II fue solamente corregente, ya que fue ésta quien ejerció realmente el poder.
Culto y refinado, José II está considerado como uno de los representantes del despotismo ilustrado. Realizó una serie de reformas intentando completar la centralización y la unificación del poder iniciadas por su madre, estableciendo un Estado absolutista y centralizado. José II abolió la servidumbre del campesinado (1781), obligó a los nobles y eclesiásticos a pagar impuestos, reestructuró la educación, impuso el alemán como lengua oficial del Imperio (1784), mejoró y secularizó la educación y creó nuevas universidades, suprimió los privilegios de Hungría, realizó una reforma judicial en la que eliminó la tortura (1787), redujo la autonomía de los poderes locales y concentró el poder en Viena, convirtiéndola en única capital,... Todas estas medidas no resultaron muy populares en Hungría y Bélgica.
Su relación con la Iglesia fue muy tensa, ya que intentó someterla a la Corona (manteniéndola separada de Roma), para lo cual abolió las órdenes religiosas, excepto las que tenían contenido social. Además, su pensamiento ilustrado le llevó a decretar la libertad de cultos (1781) y la igualdad de todas las confesiones para optar a empleos públicos, poniendo fin así a las persecuciones de ortodoxos y protestantes.
Su política económica se dirigió hacia la liberalización de los mercados, el fomento de la riqueza y el desarrollo de la industria; se unificó el sistema fiscal, se construyeron puertos para favorecer el comercio exterior, se colonizaron tierras, se permitió el libre comercio de grano,...
Pero su dogmatismo y sus métodos autoritarios provocaron descontentos y levantamientos. Aplastó varias sublevaciones de los checos, pero en Hungría no pudo contra la sublevación de la nobleza y tuvo que anular la mayor parte de las reformas que afectaban a dicho territorio; tampoco pudo con la sublevación de los Países Bajos (1789-90), de donde surgirían unas «Provincias Belgas Unidas» emancipadas del dominio austriaco, que no serían reconquistadas hasta el reinado siguiente.
En política exterior, José II no tuvo éxitos: fracasó en su intento de extender su poder en Alemania y en el Este, ante las reticencias de Federico II de Prusia; tampoco pudo anexionar Baviera ni Venecia; y sus aspiraciones en los Balcanes, a pesar de la intervención en la guerra ruso-turca (1788), tampoco se vieron cumplidas. Pero al menos saneó las finanzas de Austria y fortaleció su ejército, dejándola preparada para la lucha contra la Francia revolucionaria que se desencadenó después de su muerte.
Dado que a José II no le sobrevivió ningún hijo varón, a su muerte, en 1790, le sucedió su hermano Leopoldo II (hasta 1792) y a éste su hijo Francisco II.









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