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Adriana Lecouvreur, F. Cilea

Adriana Lecouvreur es una explicación musical de las circunstancias que condujeron al presunto asesinato de una estrella de la Comédie-Française. El verismo se enorgullece de su realismo, pero sus óperas rara vez se basan en una historia real.

Una de las excepciones, es la obra más popular de Francesco Cilea, la cual se inspira en la carrera y la muerte bien documentadas de Adrienne Lecouvreur, una famosa actriz de principios del siglo XVIII. Sus actuaciones eran una revelación; ella aportaba un realismo a los papeles que interpretaba como rara vez se había visto antes.

Estrenada en el Teatro Lirico de Milán el 6 de noviembre de 1902, Adriana Lecouvreur exige la contribución de artistas que sean tan buenos actores como cantantes. Los roles principales de Adriana, de Maurizio y de la princesa de Bouillon son unos de los más difíciles del repertorio, y son pretendidos por intérpretes decididos a mostrar su valía.

Adriana y la princesa de Bouillon son rivales en el amor. El objeto de sus deseos es Maurizio, de quien Adriana piensa que es un soldado, pero que en realidad es el Conde de Sajonia.

La trama parte del momento en el que la Princesa implora a Adriana que distraiga a su marido cuando éste está a punto de descubrir su infidelidad. En lugar de ayudar a su rival, Adriana recita un monólogo, extraído de Fedra, de Racine, que implica claramente a la Princesa en una aventura con Maurizio y que llena la cabeza de su oponente con pensamientos de venganza.

En una ópera donde el diálogo hablado es utilizado con gran efecto dramático, las arias tienen realmente que destacar para cautivar nuestra atención. Io son l'umile ancella y Poveri Fiori de Adriana son probablemente las más conocidas de la obra, pero el público que acuda a la representación en la Ópera del Estado de Viena esta temporada puede tener la impresión de que es la Acerba voluttà de la Princesa – cuando ésta descubre las violetas que Adriana ha regalado a Maurizio y, al mismo tiempo, el medio por el cual obtendrá la muerte de su rival – la que constituye el punto culminante del espectáculo.