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Dafne, R. Strauss

Los mitos clásicos han sido siempre, desde sus orígenes, territorio fértil para la ópera. La primera obra en la historia del género, Dafne, data de 1597. Y la misma historia sirvió de inspiración para la Dafne de Richard Strauss.

Dafne es una hija de la naturaleza, incómoda con la idea del amor físico. Se niega a llevar un vestido que un pastor, Leukippos, le ha regalado, por miedo a las intenciones de éste. Mientras tanto, un extranjero llega a su pueblo.

En una fiesta en honor del dios Dionisio, Leukippos se disfraza de mujer con el traje que había ofrecido a Dafne. Bailan, pero cuando se revela la identidad de Leukippos, se conoce también la del extranjero. En realidad se trata de Apolo quien, enamorado también de la joven, mata a Leukippos en un arrebato de celos. Después, lleno de remordimientos, implora a Zeus que acabe con la tristeza de Dafne ayudándole a convertirse en parte del mundo natural que ésta tanto adora.

Estrenada el 15 de octubre de 1938 en la Semperoper de Dresde, esta ópera siguió siendo una de las favoritas de su compositor hasta el final de sus días. En un documental realizado en 1949, le vemos, de hecho, tocando al piano uno de sus pasajes finales. Ciertas ideas de su ópera incluso dominaron sus siguientes obras. A posteriori, algunos comentaristas han sugerido que Dafne puede representar un retiro en el que Strauss se refugió de las dificultades que encontró cuando la relación con las autoridades de su país se deterioró. Igualmente podríamos asumir que, sencillamente, estaba tan cautivado por la ópera como lo estamos nosotros hoy en día.

Invariablemente inventivo, Strauss siempre consiguió permanecer, sin embargo, en el buen lado de la disonancia. A la vez estimulante y accesible, su música es diferente de la de cualquier otro compositor. Aquellos que acudan a la representación de Dafne en la Ópera del Estado de Viena descubrirán que hay muchos grandes momentos en esta obra. Sin embargo, su punto culminante parece ser el de la metamorfosis de su heroína. Al final de esta maravillosa ópera, las palabras ya no importan; la voz de Dafne se funde de manera natural con la orquesta.