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Arabella, R. Strauss

Arabella, con sus melodías folclóricas, sus ingeniosos giros armónicos y su orquestación modernista, es una excepcional delicia de la que podrá disfrutar el público de la Ópera del Estado de Viena.

Su compositor, Richard Strauss, era un hombre tan polivalente que a veces es difícil concebir que una ópera como Arabella, una comedia vienesa encantadora y alegre, aunque sincera a la vez, haya salido de la misma pluma que el poema sinfónico Also sprach Zarathustra (Así habló Zaratustra), cuyos primeros compases, junto a los de la Quinta Sinfonía de Beethoven, están considerados por muchos como los más famosos de la música clásica.

Última de las seis colaboraciones entre Richard Strauss y el libretista Hugo von Hofmannsthal, Arabella es la historia de una familia que elije a una de sus dos hijas para organizarle un matrimonio que saque a la familia de su ruina financiera. Pero Zdenka, la hermana de Arabella, quiere también encontrar un marido. El único problema es que se ve obligada a vestirse como un hombre, dado que sus padres no pueden permitirse, financieramente hablando, presentar a sus dos hijas ante la sociedad vienesa al mismo tiempo.

Estrenada en la Sächsische Staatsoper de Dresden el 1 de julio de 1933, Arabella es una obra de belleza absoluta, escrita según el espíritu de las composiciones de Mozart, pero con una interpretación claramente wagneriana, las dos grandes influencias en la música de Strauss.

Richard Strauss dijo en cierta ocasión sobre sí mismo: “Puede que no sea un compositor de primera categoría, pero sí un compositor de segunda categoría de primera clase.”, una autocrítica de su propia obra que contradice su talento y su sinceridad musical. Ese talento se muestra claramente en Arabella, no sólo por la habilidad de Strauss para escribir para sopranos, algo por lo que fue famoso, sino también por la manera en la que las voces de los solistas, particularmente en los duetos, se funden una con otra.