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Kaiserschmarren

Aunque hay varias leyendas sobre el origen de este dulce austriaco, todas rondan en torno al emperador Francisco José I, de quien, aparentemente, el Kaiserschmarren era el postre preferido.

Una de las leyendas cuenta que Elisabeth, obsesionada con su peso y su figura, ordenó al chef imperial que sólo preparase platos ligeros. Cuando se le presentó el Kaiserschmarren, ésta lo rechazó. Pero su esposo Francisco José quiso probarlo y dijo “Déjenme ver qué tontería (“Schmarrn” en alemán) ha preparado el chef”. Al emperador le pareció una verdadera delicia y en su honor se le dio a este postre el nombre de Kaiserschmarren (la tontería del emperador), pasando a extenderse por todo el Imperio.
Otra leyenda nos cuenta que cuando el emperador Francisco José I estaba de cacería en los bosques, la mujer de un campesino quiso preparle un palatschinken (especie de tortita dulce). Pero se le rompió al cocinarlo y decidió romperlo del todo y espolvorearlo con azúcar, presentándolo ante el emperador como el Kaiserschmarren. Dicen que al emperador le encantó el postre, el cual se convirtió desde entonces en su postre favorito.
Y otra de las leyendas, aunque aún hay más, cuenta que al emperador Francisco José I le gustaban mucho los pancakes, pero éstos tenían que ser muy finos. Un día el cocinero los preparó más gruesos y el emperador se enfadó, los rompió en pedazos y los mandó tirar. Pero antes de que los tirasen les puso azúcar glas, los probó y le entusiasmaron.
No sabemos cuál será realmente el origen del Kaiserschmarren, pero sí sabemos que esta especie de pancakes rotos con azúcar glas y mermelada se ha convertido en un exitoso y típico postre austriaco.

  • Ingredientes (2 – 4 porciones):

- 350 gr. harina
- 3 huevos
- 500 ml. de leche
- 1 cucharada de pasas pequeñas
- 2 pizcas de sal
- 1 cucharada de azúcar
- 1 cucharadita de levadura o bicarbonato o 1 sobrecito de gaseosas en polvo
- un chorrito de aceite o 30 gr. de mantequilla
- mantequilla
- azúcar glas
- mermelada o compota

  • Preparación:

Separar las yemas de las claras. Batir las yemas con una pizca de sal y una cucharada de azúcar. Añadir la leche, el aceite o mantequilla y la levadura (o bicarbonato o sobrecito de gaseosas). Seguidamente, y con cuidado para que no se formen grumos, ir añadiendo la harina tamizada, hasta conseguir una masa no demasiado líquida. Incorporar las pasas.
En otro bol, batir las claras con una pizca de sal. Cuando están a punto de nieve, añadirlas con cuidado a la masa anterior.
Engrasar con mantequilla una sartén antiadherente y, cuando esté caliente, verter parte de la masa, hasta alcanzar una altura de aproximadamente 1 cm. Poner a fuego medio hasta que esté dorada por un lado. Darle la vuelta y romper la torta en trocitos irregulares, con la ayuda de dos cucharas o tenedores de madera. Mantener en el fuego hasta que la masa se cuaje del todo, removiendo los trocitos para que no se quemen.
Emplatar y espolvorear con azúcar glas.
Suele comerse acompañada de compota de ciruela, albaricoque, fresa,...
Comer caliente.








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